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El agujero de ozono se redujo en Antártida
10:58 | Una primavera antártica con temperaturas más altas en la estratosfera y cambios en los vientos frenó la destrucción de ozono, mientras continúa una recuperación que los científicos esperan completar recién dentro de varias décadas.
La temporada 2025 dejó una señal alentadora sobre la Antártida: por segundo año consecutivo, la pérdida de ozono fue considerablemente menor que el promedio registrado entre 1990 y 2010. La Organización Meteorológica Mundial ubicó el episodio entre los menos severos de las últimas dos décadas y confirmó que la tendencia general continúa siendo de recuperación.
La capa de ozono funciona como un escudo natural frente a buena parte de la radiación ultravioleta del Sol. Cada primavera austral, sobre la Antártida se forma una zona donde su concentración disminuye fuertemente. Ese fenómeno es lo que se conoce como ‘agujero de ozono’, no significa que desaparezca completamente la capa, sino que se vuelve mucho más delgada.
En 2025 esa pérdida fue sensiblemente menor. El déficit máximo de ozono alcanzó 36,7 millones de toneladas, más de un 25% por debajo del promedio de 50,1 millones registrado entre 1990 y 2010. Una parte importante de la explicación estuvo en el comportamiento de la atmósfera antártica. Durante septiembre, grandes ondas atmosféricas provocaron un aumento de la temperatura en la estratosfera. Eso redujo las condiciones que favorecen las reacciones químicas responsables de destruir el ozono.
También cambió antes de lo habitual el llamado vórtice polar, una enorme circulación de aire frío que durante el invierno mantiene aislada la atmósfera sobre la Antártida. Hacia fines de octubre comenzó a debilitarse con mayor rapidez y permitió el ingreso de aire con concentraciones más altas de ozono.
El resultado fue un agujero menos profundo y extenso. Los científicos advierten, sin embargo, que un año favorable no significa que el problema esté resuelto. El tamaño puede variar considerablemente de una temporada a otra según las temperaturas y los vientos que se registren sobre el continente.
La diferencia con lo ocurrido entre 2020 y 2023 fue marcada. Durante esos años se observaron episodios especialmente profundos y persistentes. En cambio, 2024 y 2025 mostraron una reducción importante de la pérdida de ozono. Detrás de esa mejora existe además una tendencia de más largo plazo. Desde comienzos de este siglo, la capa comenzó a recuperarse lentamente por la reducción de sustancias como los clorofluorocarbonos, utilizados durante décadas en aerosoles, heladeras y sistemas de refrigeración. Su eliminación progresiva fue impulsada por el Protocolo de Montreal, acordado internacionalmente en 1987.
La OMM considera que esa política ambiental está funcionando, aunque la recuperación completa todavía demandará varias décadas. Por eso, el menor agujero observado sobre la Antártida no representa el final del problema, pero sí una nueva evidencia de que la capa protectora puede recuperarse cuando disminuyen las sustancias que provocan su deterioro.
