jueves 21 de mayo de 2026 - Edición Nº3531
Critica Sur » Malvinas » 21 may 2026

historias

“Eramos felices haciendo misiones arriesgadas”: el rol de los Hércules en Malvinas

14:04 | Por unanimidad, los diputados votaron condecorar al brigadier retirado veterano de guerra Jorge Francisco Martínez, quien participó de peligrosas misiones en Malvinas a bordo de aviones Hércules. Algunas de las acciones que estas máquinas protagonizaron en la guerra del Atlántico Sur.


Y finalmente se hizo justicia. No fue contemplado en el reconocimiento a veteranos de la Fuerza Aérea en marzo de 2019 y ayer la Cámara de Diputados dio media sanción por unanimidad al proyecto para concederle al brigadier retirado Jorge Francisco Martínez, la distinción de “La Nación Argentina al Valor en Combate”, por su “mérito, valor y heroísmo en defensa de la Patria en la guerra del Atlántico Sur”.

Entonces Martínez, de 46 años, era jefe del Grupo 1 de Transporte Aéreo y, sin ser necesario, participó de las misiones en Malvinas, para acompañar a sus subordinados, porque sabía que así infundía confianza y daba el ejemplo a los hombres que día a día se jugaban la vida en aviones que eran blanco fácil.

Porque los Hércules cumplieron con misiones por demás arriesgadas y secretas, que fueron desclasificadas algunos años atrás.

Para cualquiera, “Tigre” ,“Loco”, “Picho” o “Tiza” pueden tener disímiles significados. Pero para los pilotos de estos aviones que combatieron en Malvinas, su sola mención hace poner la piel de gallina.

Estos nombres en clave remiten a misiones muy arriesgadas, lo que motivó que sus tripulaciones fueran distinguidas, y que por esas omisiones de la vida y caprichos burocráticos, Martínez haya quedado entonces afuera.

Durante la guerra, las misiones que llevaron adelante los Hércules C 130 fueron de transporte logístico, de hombres y heridos, vinculando las islas con el continente. Además estaban los que proporcionaban abastecimiento de combustible en vuelo a aviones que se dirigían a atacar blancos británicos, los que se ocupaban de la detección de blancos navales y de interdicción aérea.

Años después, los tripulantes coincidieron en afirmar en que “éramos felices haciendo misiones arriesgadas”.

En las de localización de buques enemigos, se volaba rasante sobre el mar, a una velocidad de 590 km por hora, y con su radar apagado, a fin de no ser detectados por el enemigo. Cuando se llegaba a un punto prefijado, se aceleraba a fondo, se elevaba la nariz del aparato 30 grados hasta llegar a los 10000 pies. En esos instantes en que el avión alcanzaba con su máxima potencia la mayor altura, encendían sus radares para detectar la presencia de buques enemigos. En caso de identificar un blanco, se enviaban al Comando las coordenadas para dirigir un ataque. Cuando el avión comenzaba a caer, se apagaba el radar.

Claro que restaba lo más díficil, que era salir lo más rápido de la zona. Y el camino más sencillo era el de lanzarse en caída libre hacia el mar, para volver a evitar a los radares ingleses, efectuar un cambio de rumbo de 45 grados y volver a empezar. Porque cada una de estas maniobras se realizaban cada 20 o 30 minutos. En el argot de los aviadores la conocen como “diente de perro”, ya que las maniobras simulan a una “W”.

El único apoyo con que contaban era el radar de vigilancia aérea en las Islas Malvinas, que les podía advertir de la presencia de aviones enemigos. Tengamos en cuenta que en los días que se desarrollaron dichas misiones, los ingleses ya se habían consolidado en San Carlos.

Estas misiones tuvieron lugar el 27 de mayo, con el nombre clave de “Picho”; el 28 y 29 de mayo fue “Loco”; el 30 de mayo, “Polo” y la última del 31 de mayo y 1 de junio, “Tiza”. A todas ellas los tripulantes las llamaban “el loco”. En la mayoría de los vuelos, se localizaron blancos ingleses.

El 1 de junio, el Hércules TC 63 recibió la orden de realizar una de estas misiones, con el indicativo “Tiza”. Debía explorar y reconocer la zona marítima del norte de las Malvinas. A las 6:30 horas, despegó de Comodoro Rivadavia, aunque debió volver por problemas técnicos. Finalmente lo haría a las 8:53.

Estaba al mando el capitán Rubén Martel, secundado por el Capitán Víctor Krause; el navegador era el Vicecomodoro Hugo Meisner. Completaba la dotación los CP Miguel Cardone, Carlos Cantezano, Julio Lastra y Manuel Albelos. Como momentos antes otro Hércules, el TC 66 había aterrizado en Puerto Argentino, los ingleses se pusieron en alerta.

Para las 10:25 el avión, luego de haber cumplido la primera parte de su recorrido, se acercó al Estrecho de San Carlos. Fue entonces cuando el radar del buque inglés Minerva lo detectó y dieron aviso a los Sea Harrier. Dos de ellos, piloteados por los tenientes Niguel Ward y Steve Thomas se dirigieron al blanco. Detectaron al Hércules a 10 kilómetros volando en dirección oeste al ras de las olas. Ward descendió mientras que Thomas quedó sobre el espeso manto de nubes, por si el Hércules decidía ascender.

Del Hércules se captó: “IFF encendido, estamos en emergencia”. Fue la última comunicación.

El primer misil que lanzó Ward quedó fuera de alcance y cayó al agua, pero el segundo impactó entre los dos motores de la derecha, lo que provocó un incendio en la nave. Aún así, los ingleses vieron cómo el Hércules se mantenía, y entonces Ward lo ametralló con sus cañones de 30 mm.

Los 245 proyectiles que les disparó provocaron que el avión se precipitara y se desintegrara al tocar el agua.

El primer Hércules que aterrizó en Malvinas fue el TC 68. Pero tiene otro récord que lo hace único en la historia bélica aérea. Así como las misiones descriptas más arriba tenían como objetivo el localizar blancos navales, al TC 68 se le dio la tarea de interdicción aérea que, en lenguaje llano, significa molestar e interferir líneas de abastecimiento de la flota inglesa.

Fueron seis los voluntarios para tal misión. Al Hércules -que llevaba el apelativo de “Tigre”- se le duplicó la autonomía de vuelo y se le adaptaron 12 bombas de 250 kilos, dispuestas debajo de cada plano.

Los propios tripulantes bautizaron estas misiones como “el loco”, porque consideraban una locura volar sin superioridad aérea, porque ni paracaídas llevaban, al volar tan bajo.

Lo que hacía fácilmente identificable a su tripulación eran las bufandas rojas que lucían, que la esposa del comandante había tejido expresamente.

Se le asignaba un área de búsqueda, a la que se tardaba en llegar entre cinco y seis horas. Si bien en el primer día no hallaron ningún blanco, al segundo averiaron a un petrolero inglés. Era el 29 de mayo. Fue ese ataque que determinó que el alto mando inglés dispusiera que la flota se corriese más hacia el Este.

Dos días después encontraron otro buque, pero al no poder determinar bien su procedencia y por qué navegaba en esas aguas, no lo atacaron. Más tarde debieron escapar cuando cayeron en la cuenta que lo que habían identificado había sido una fragata inglesa.

El último ataque del TC 68 fue a superpetrolero, de 250 metros de largo que, paradójicamente, se llamaba “Hércules”. El buque atinó a poner rumbo hacia la flota inglesa a toda velocidad, pero fue alcanzado por dos bombas, una arrojada del TC 68 y otra de un Canberra, pero que no explotaron.

Cuando la guerra finalizó, el buque atracó en Río de Janeiro y, como se determinó que no se podían desarmar las bombas, fue hundido en medio del Atlántico. La empresa dueña del buque le inició acciones legales a la Argentina ante un tribunal de Nueva York, pero estas no prosperaron. Cuando el juicio comenzó, el gobierno argentino decretó el secreto, por tal motivo esos documentos quedaron clasificados por años, y fue cuando se abrieron 37 años después, que esas tripulacionjes fueron reconocidas.

Martínez desfiló junto sus camaradas el 9 de julio del 2024. Fue quien, en las horas previas al 2 de abril de 1982, les anunció a sus hombres que tendrían la oportunidad de alcanzar “un deseo largamente pretendido: recuperar las islas Malvinas”. Recientemente viajó al archipielago con el propósito de rendir un homenaje a sus compañeros caídos y leyó una oración escrita por él.

Ayer la cámara de diputados dio su media sanción y el proyecto será girado al senado para convertirlo en ley, y así el brigadier Martínez -que su indicativo era “Ballenato”- podrá lucir en su pecho su merecida condecoración, como homenaje cuando se jugó la vida por la patria desafiando mil peligros en la guerra del Atlántico Sur.

Infobae.

NEWSLETTER

Suscríbase a nuestro boletín de noticias

VIDEOS