domingo 05 de abril de 2026 - Edición Nº3485
Critica Sur » Policiales » 30 mar 2026

JUDICIALES

¿Poco o mucho? La condena por el crimen de Alexis Baciocchi reabre el debate por la disparidad de penas

Los 8 años de prisión para Florencia Mancilla generan cuestionamientos si se los compara con otros fallos recientes. Diferencias de criterio, figuras legales y contexto, en el centro de la discusión.


Por:
Critica Sur

La condena a 8 años de prisión contra Florencia Mancilla por el crimen de Alexis Baciocchi no solo cerró un juicio de alto impacto en Río Grande, sino que abrió un nuevo debate: ¿la pena fue acorde a la gravedad del hecho?

La discusión no es lineal. En términos estrictamente legales, el monto de la pena depende de la figura bajo la cual se encuadre el caso. En este punto, la clave está en que el Tribunal no aplicó la pena máxima posible, sino una figura que contempla atenuantes, lo que redujo significativamente la expectativa de castigo.

Sin embargo, la controversia surge al comparar este fallo con otros casos recientes.

Días atrás, en la provincia de Buenos Aires, un hombre fue condenado a 15 años de prisión por una tentativa de homicidio, es decir, por un delito que no llegó a consumarse. La comparación, inevitable, pone en tensión la proporcionalidad de las penas: en un caso se sanciona con mayor severidad un intento que en otro un hecho consumado.

A esto se suma otro ejemplo mencionado por la propia querella durante el juicio: un caso de abuso sexual en el que una fiscal llegó a solicitar una pena de 40 años de prisión, lo que vuelve a exponer la amplitud de criterios dentro del sistema judicial argentino.

Ahora bien, ¿significa esto que la condena de 8 años es “poca”? La respuesta requiere matices.

En el derecho penal argentino no solo se evalúa el resultado (la muerte), sino también el contexto en el que ocurrió el hecho. En este caso, el eje del debate fue si existió una situación de violencia previa, legítima defensa o un exceso en esa defensa. Estos elementos, cuando son considerados por un tribunal, pueden reducir de manera considerable la pena.

Es decir: dos hechos con resultados similares pueden tener condenas muy distintas si las circunstancias que los rodean son diferentes.

Aun así, la percepción social suele guiarse por la consecuencia final —la pérdida de una vida— y no por los tecnicismos jurídicos. Ahí es donde aparece la sensación de injusticia o desproporción, especialmente en casos con alta carga emocional y exposición pública.

La reacción de la familia de la víctima y de la querella, que calificaron el fallo como “una vergüenza”, refleja ese choque entre lo jurídico y lo social. Para ellos, la pena no guarda relación con el daño causado.

 

Reforma penal: ¿penas más duras y fin de la “disparidad”?

El debate por la condena en el caso  Baciocchi también se inscribe en una discusión más amplia que hoy atraviesa a la Argentina: la reforma del Código Penal.

El Gobierno nacional impulsa un proyecto que tiene como eje central el endurecimiento de las penas, especialmente en delitos de alto impacto social como homicidios, abusos sexuales, narcotráfico y trata de personas.

La iniciativa —que se prevé enviar o ya comenzó a circular en el Congreso— busca actualizar un Código vigente desde 1921 y avanzar hacia un esquema más severo en la respuesta penal.

Entre los cambios que se analizan aparecen:

  • Aumento de mínimos y máximos de las penas
  • Restricciones a beneficios como la libertad condicional
  • Penas más duras para delitos violentos
  • Incluso revisar el concepto de prisión perpetua para que sea más efectiva en la práctica

En ese contexto, casos como el de Baciocchi vuelven a poner sobre la mesa una crítica frecuente: la disparidad en las condenas según el tribunal, la fiscalía o la interpretación del contexto.

Sin embargo, especialistas advierten que endurecer penas no necesariamente resuelve esa desigualdad. El problema no siempre está en la escala penal —es decir, en cuántos años prevé la ley— sino en cómo se aplica esa ley en cada caso concreto.

De hecho, algunas miradas críticas sobre la reforma señalan que un enfoque centrado únicamente en aumentar castigos puede derivar en lo que se denomina “punitivismo”, sin garantizar mayor coherencia ni mejores resultados en términos de justicia o seguridad.

Así, el debate queda abierto: para algunos, fallos como el de Río Grande reflejan la necesidad de penas más duras. Para otros, el problema es más profundo y tiene que ver con criterios judiciales dispares, más que con la cantidad de años que fija el Código.

En definitiva, el caso vuelve a exponer una tensión estructural: la distancia entre lo que la sociedad percibe como justicia y la forma en que el sistema penal argentino decide y fundamenta sus condenas.

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