Primer día del juicio
La madre de Baciocchi juró por su hijo y apuntó a Mancilla: "El siempre la trató bien, estaba enamorado"
En una sala cargada de tensión, Liliana Ceballos, madre de Alexis Baciocchi, sostuvo su declaración durante gran parte de la jornada.
Critica Sur
En una sala cargada de tensión, Liliana Ceballos, madre de Alexis Baciocchi, sostuvo su declaración durante gran parte de la jornada. Solo se retiró al momento en que declaró la acusada, Florencia Mancilla. Volvió luego a ocupar su lugar, incluso cuando los peritos forenses exhibieron las imágenes de la autopsia. “No voy a mirar, pero me voy a quedar”, dijo antes de enfrentar uno de los tramos más duros del juicio.
“Juro por mi hijo decir la verdad”, fue la frase con la que inició un testimonio atravesado por el dolor, pero también por la reconstrucción de una relación que, según describió, estuvo marcada por la violencia.
Una relación que empezó en redes y derivó en conflicto
Liliana recordó que conoció a la acusada cuando su hijo la llevó a su casa. “Quería invitarla porque ella nos quería conocer”, explicó. A partir de allí, comenzó a interiorizarse de un vínculo que —según su relato— se había iniciado a través de redes sociales.
“Él me decía que se mensajeaban… que ella tenía problemas y se compadecía. Si ella lo llamaba, dejaba todo e iba”, contó. Describió a su hijo como “muy atento” y aseguró que estaba “muy enamorado”.
Sin embargo, también mencionó señales de alerta. “Ella tenía un vínculo malo con su familia… a veces le decía una cosa y después otra”, relató, en referencia a lo que Alexis le confiaba.
“Yo sentía que lo manipulaba”
El testimonio avanzó hacia un punto central: la dinámica de la relación. “Yo sentía que ella lo manipulaba, lo desmerecía, le bajaba la autoestima”, sostuvo.
Según su declaración, el vínculo estuvo atravesado por episodios de violencia. “Entró varias veces a la casa agrediéndolo. En una oportunidad rompió todo. Él llamó a la Policía”, dijo. También aseguró que su hijo nunca ejerció violencia: “Mi hijo siempre la trató bien, nunca le puso un dedo encima”.
En ese sentido, relató que Alexis incluso intentó ayudarla: “Le decía que buscara trabajo, que cuidara a sus hijos, que dejara de consumir drogas”. Y agregó que, pese a los conflictos, “le dio nuevas oportunidades”.
Episodios que marcaron un quiebre
Uno de los momentos más fuertes del relato fue el recuerdo de un viaje a Buenos Aires. “Ella quiso salir de noche, él le dijo que no porque era peligroso y estaba con el niño. Ahí empezó a gritar y a zamarrear a su hijo que lloraba”, describió (relatos basados en lo que le contaba el hijo).
También mencionó que su hijo realizó denuncias: “Hizo dos denuncias, pero no tuvieron respuesta”. Para la familia, el temor era constante: “Siempre tuvimos miedo de que vuelva a su vida e hiciera nuevamente esto de la violencia”.
El último día
Sobre la jornada del crimen, Liliana recordó un contexto de tensión previo. “Era el día del Mundial, la gente estaba eufórica. Él me dijo lo que estaba pasando, pero que si hacía una denuncia se iba a poner peor”.
Ese mismo día, compartieron un momento familiar: “Estuvo en mi casa, fuimos a tomar mates a la playa”. Sin embargo, la preocupación persistía: “Le rogamos que no fuera. Me dijo que tenía cosas que hacer, que me quedara tranquila”. Fue la última vez que lo vio.
“Quiero justicia por mi hijo”
En el tramo final de su declaración, la madre buscó despejar cualquier sospecha sobre la conducta de la víctima: “Mi hijo no se drogaba, no consumía… a lo sumo una cerveza o un cigarrillo de marihuana”. Y cerró con un pedido directo al tribunal: “Quiero justicia por mi hijo”.
Dos relatos enfrentados
La declaración de Liliana Ceballos se ubica en las antípodas de la versión brindada por Florencia Mancilla en su indagatoria. Mientras la acusada describió una relación atravesada por conflictos y situaciones que —según su planteo— la colocaban en un lugar de vulnerabilidad, la madre de la víctima presentó a su hijo como quien intentaba ayudar, contener y, finalmente, alejarse de un vínculo que consideraba dañino.
En ese contraste se juega uno de los ejes centrales del juicio: determinar si la violencia fue ejercida de manera unilateral —como sostiene la familia de la víctima— o si existió una dinámica más compleja, como intenta instalar la defensa.
El tribunal deberá ahora ponderar ambos relatos, junto con el resto de las pruebas, para reconstruir qué ocurrió en las horas previas al crimen y establecer las responsabilidades.
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