“Pertenecen a la misma familia terapéutica, pero no son fármacos equivalentes. La indicación debe ser individualizada y evaluada caso por caso”, aclara la especialista.
Opciones disponibles en Argentina
En el país existen distintas presentaciones según la indicación clínica:
Para diabetes tipo 2:
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Ozempic® (semaglutida – Novo Nordisk)
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Dutide® (semaglutida – Elea)
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Mounjaro® (tirzepatida – Adium)
Para obesidad:
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Wegovy® (semaglutida – Novo Nordisk)
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Obetide® (semaglutida – Elea)
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Mounjaro® (tirzepatida – Adium)
“La diferencia no está solo en el nombre comercial, sino en la dosis, la indicación y el objetivo terapéutico, que deben definirse en una evaluación médica”, remarca Sánchez.
¿En quiénes están indicados?
Estos tratamientos están indicados en personas con obesidad y también en personas con sobrepeso cuando existen enfermedades asociadas, como diabetes tipo 2, hipertensión arterial, dislipidemias o apnea obstructiva del sueño. Asimismo, pueden indicarse en pacientes con diabetes tipo 2 y alto riesgo cardiometabólico.
No se trata de medicación de uso estético ni de indicación automática. La prescripción debe realizarse siempre por un profesional de la salud, considerando el índice de masa corporal, las enfermedades asociadas, los tratamientos previos y el contexto clínico individual.
Forma de uso, duración y efectos adversos
Son medicamentos inyectables de administración semanal por vía subcutánea y, dado que la obesidad es una enfermedad crónica, su uso suele plantearse a largo plazo, siempre dentro de un abordaje integral.
“La suspensión sin planificación suele asociarse a la recuperación del peso perdido”, advierte Sánchez.
Entre los efectos adversos más frecuentes se encuentran las náuseas, vómitos o diarrea, especialmente al inicio del tratamiento o durante los ajustes de dosis. En la mayoría de los casos, estos síntomas son transitorios y manejables con seguimiento adecuado, lo que refuerza la importancia de evitar la automedicación.
Expectativas y mitos
Una de las expectativas erróneas más comunes es pensar que estos fármacos son una solución rápida o que reemplazan los cambios en el estilo de vida. “No actúan sobre la fuerza de voluntad, sino sobre los mecanismos biológicos que regulan el apetito. Son una herramienta muy eficaz, pero deben integrarse a un plan médico personalizado y sostenido en el tiempo”, explica la especialista.
Respuesta de las obras sociales
En la práctica, el acceso por obras sociales y prepagas es variable: no hay una cobertura homogénea y suele depender de la indicación, los criterios médicos y las auditorías, lo que en algunos casos genera dificultades o demoras, sobre todo cuando la indicación es obesidad.
Un enfoque integral y basado en evidencia
“La obesidad no es una falta de voluntad, sino una enfermedad crónica, compleja y tratable”, concluye la Dra. Sánchez. Si bien los avances farmacológicos representan un cambio de paradigma, su verdadero impacto se logra cuando se integran a un enfoque integral, centrado en la persona y basado en evidencia científica, tal como recomiendan las principales organizaciones científicas y la Organización Mundial de la Salud.