martes 22 de octubre de 2019 - Edición Nº1128
Critica Sur » Provincia » 9 oct 2019

SOCIEDAD

Experiencia extrema: unió a nado las Islas Malvinas y le cambió la vida

Agustín Barletti unió Gran Malvina y Soledad a través del estrecho de San Carlos.


Cuando cumplió 50 años, Agustín Barletti decidió que tenía que cambiar sus hábitos de vida. Fue así que, en 2010, empezó a nadar. Su objetivo era mejorar su salud. Mientras lo hacía, además, comenzaron a aparecer desafíos que lo tentaron. El primero fue atravesar a nado el estrecho de Gibraltar. Y dos años después apareció uno que le cambió la vida: unir Gran Malvina y Soledad a través del estrecho de San Carlos.

Cinco años después de esa semana de noviembre de 2014 que lo marcó a fuego, Barletti compiló en el libro "Malvinas, entre brazadas y memorias", el detrás de escena del periplo y lo que encontró en esas tierras. El periodista contó detalles del viaje austral, del libro y reveló su próximo desafío.

-¿Cómo surgió la idea de hacer el cruce a nado?

-En 2010, con casi 100 kilos y 25 años sin hacer ejercicios, decidí hacer un deporte. Ahí recordé que la natación era el único deporte que me gustaba. Entrené 2300 kilómetros en 19 meses, con Pablo Testa, para cruzar el estrecho de Gibraltar. Cuando terminé y venía en la lancha, me generó una sensación de vacío. Ahí Testa me dijo una sola palabra: Malvinas. Es más corto, simbólico y con agua más fría. Ahí me empecé a prepararme desde diferentes puntos y a sortear obstáculos.

Yo invité al cruce a dos compañeros míos del colegio primario, uno que fue excombatiente de Malvinas. Yo no fui a la guerra. Incluso recibí un telegrama donde me decían que no podía irme a más de 40 kilómetros. También vino otro compañero que es cineasta y fotógrafo. No soy un nadador rápido. En Malvinas teníamos el problema que, al ser un embudo, tenía que esperar el momento en el que la marea deja de crecer y ahí hay que tirarse y tenés que nadar muy rápido para que la corriente no te saque del estrecho. El primer tema fue hacer un entrenamiento para nadar más rápido. El otro gran problema era la temperatura del agua. Si usás un traje muy grueso, para protegerte del frío, te quita movilidad. Si usás uno muy finito, para moverte bien, te agarra frío. Por suerte encontré un traje más grueso en el pecho y espalda y más liviano en las extremidades. Dios me presenta escenarios más favorables.

-¿Cuál fue el mayor desafío para poder hacer el cruce y cuál el mayor desafío durante el cruce?

-En las islas nos pedían muchos requisitos para poder hacer el cruce. Uno de los fundamentales era tener un barco que te haga de soporte. El único barco que había en Malvinas estaba destinado a otro tema y no me lo querían dar. Un barco con bandera argentina no podía ingresar a la isla. Ahí aparece otro personaje de esta historia que es Alejandro Damilano. Él tenía su barco, el Mago del Sur y desde el Riachuelo se fue a Malvinas. Primero a Puerto Argentino y después a San Carlos. Tardé dos años en cumplir todos los requisitos que nos pedían. Todo el viaje fue la semana del 8 al 15 de noviembre. Cuando faltaba poco tiempo para salir, el papa Francisco se entera de esto y nos manda un rosario bendecido por él y con el pedido de que sea puesto en la tumba más despojada que encontremos en el Cementerio Argentino. Nosotros llegamos a Malvinas el 9 de noviembre. Te sellan el pasaporte y eso es tremendo. La natación terminó siendo un hecho menor. Un vehículo para conocer este suelo patrio. Esa semana en Malvinas nosotros fuimos noticia.

-¿La reacción de los isleños ante tu desafío cuál fue?

-Los isleños venían al barco y nos pedían fotos. Se acercaban a saludarnos. Salió una nota en el diario local. Íbamos por la calle y la gente nos reconocía. Generamos una empatía y me dio la sensación de que el camino para acercarnos es por ahí. Hemos hecho cenas en el barco con ingleses que combatieron en la guerra. Crucé en noviembre de 2014 y saco el libro casi cinco años después para que pudieran decantar los sentimientos. Todos estos hechos deportivos generan empatía. Pero tampoco te podés mandar ninguna macana. Ni andar flameando una bandera argentina o caminar con la camiseta de Messi. Tenés que mantener un respeto lógico.

-¿Volviste después del cruce?

-No volvimos después del cruce. Para mí fue haber cumplido la misión.

-¿Qué te enseño ese desafío?

-Lo que más me enseñó es sentir la verdadera patria. Que depende de muchas cosas. Que tengas el milagro de que en un clima hostil se presente un escenario con mar calmo, por ejemplo. La patria es que tus amigos de la infancia te acompañen hasta el fin del mundo. Valorar, pero con toda la fuerza, al veterano de Guerra. Mi libro trata un poco de eso, es un homenaje para ellos. Si tenés la oportunidad de estar junto a un veterano, abrazalo fuerte porque es lo más cerca que vas a estar de abrazar a la patria.

-¿Tenés en mente algún otro desafío?

-Tenía en mente el año pasado, por los 40 años del laudo papal por el canal de Beagle... cruzarlo. Sin embargo, en abril del año pasado tuve un accidente y me rompí la muñeca. Por eso lo postergué, aunque podría ser para el 2020.

(La Nación)

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