viernes 19 de octubre de 2018 - Edición Nº760
Critica Sur » Sociedad » 5 abr 2018

SOCIEDAD

Joven bahiense recorre América en bicicleta, con su perra Frida

Hace una semana llegó a la ciudad de Ushuaia desde Bahía Blanca tras recorrer 4.300 kilómetros en bicicleta y en compañía de su fiel amiga Frida. Agustín Rodríguez Pons tiene 29 años y en los próximos días estará retomando el pedaleo hacia el norte de la Argentina, para luego continuar por América Central y Norte.


Por:
Lic. Valeria Mesonero

Esta aventura comenzó a soñarla hace cuatro años, cuando Agustín se encontraba realizando un viaje en moto. “Conocí a un cicloviajero que me hizo ver que estaba viviendo una vida que no quería vivir, no siendo feliz con el trabajo que tenía y viviendo para mantener cosas materiales que no me llevaban a ningún lado”, recuerda.

“Me hizo entrar en razón de que estaba viviendo una vida como si tuviese otra para disfrutar”, admite.

En 2016 puso en marcha su sueño, luego de dos años de análisis; de preparar su bicicleta y reunir todo el equipo necesario. “Existe una vida mas relajada sin seguir una rutina que te lleva a hacer todos los días lo mismo por años”, asegura.

¿Qué significa para vos viajar en bicicleta?

El viaje se convirtió en una meta desde el primer momento que comenzó, porque llegar pedaleando a donde sea que vayas implica muchas horas de pedaleo, constancia y un sacrificio enorme. Así que cada uno de los lugares a los que voy llegando es una meta superada. De a poco voy cayendo en la cuenta de que lo que estoy haciendo es por mis propios medios, con mi propio esfuerzo, entonces las metas son cada vez más grandes, como por ejemplo llegar a Ushuaia, como sucedió la semana pasada. Cada lugar por el que paso es un punto intermedio para llegar a otro.

¿Cuándo entra Frida en escena?

Frida está en escena desde que era un cachorro, pero no era parte de este viaje porque me parecía que andar con un animal sería una locura, que le podía pasar cualquier cosa y que no me iban a aceptar en muchos lugares. Un día, un amigo de Bahía me mostró viajeros con perros, en bici, a dedo, en auto y en lo que sea. Así que empecé a pedir referencias y todos me daban el visto bueno.

Agustín no olvida que, a cinco meses de la fecha prevista para emprender su viaje, y cuando ya había fabricado un carro especial para cargar todo lo que necesitaría, volvía a su casa y ahí estaba Frida, que lo miraba sin entender lo que ocurría. “Yo solo pensaba que no me quería separar de ella”, confiesa.

“Entre mis sentimientos, más el aliento que me dieron otros viajeros, dejé el invento de lado y conseguí el carro que hoy lleva parte de mi equipaje y cuando tenemos condiciones favorables de terreno y viento, Frida también va allí”, detalla.

Mientras avanzan en esta increíble aventura, Agustín publica todas las experiencias que, junto a Frida, les toca vivir en el trayecto. Y lo hace en su página de Facebook, llamada Americleteando, a modo de diario de viaje en el que comparte sus vivencias con la gente que va conociendo, a la vez que detalla cada historia como la que le tocó vivir en Chile, al quedarse sin ahorros. Trabajó un mes y medio para conseguir dinero y así poder reiniciar su viaje.

¿Cuál es el objetivo de este viaje?

Recorrer América desde un punto de vista no turista, que anda de paso y a las apuradas. Me voy sin tiempo ni horarios, ni fechas ni de ida o de vuelta. A recorrer todo lo que pueda, lo que me de el cuerpo o lo que el destino quiera que dure. Hoy quiero ser un cicloviajero, un loco de esos que viaja en bici, que tarda días, semanas, meses en llegar a un lugar que me contó alguien que conoció.

“La idea es disfrutar de cada kilómetro, cada lugar y paisaje; de cada momento. Desde una tormenta hasta un día soleado, desde el viento en contra hasta el viento a favor; desde los muchos kilómetros sin pinchar hasta pinchar tantas veces como kilómetros recorras. Con la compañía de algún perro, algún tábano, de las estrellas, de la gente, de cada lugar, del camionero que te saluda, del que te pregunta que te lleva a hacer esto y porqué lo hacés en bicicleta”, describe.

Y retoma el pensamiento que atraviesa su aventura: “Particularmente me mueve a hacer esto la libertad de ir sin un reloj que me ponga un límite para volver a dónde no quiero estar. No ahora, quizás en otro momento”.

¿Qué cosas aprendiste en este viaje?

Que lo esencial es invisible a los ojos puede sonar trillado, pero podés tener la mejor bici, las mejores alforjas, el mejor equipo, el mejor todo, pero si no ponés pasión en lo que hacés, no vas a llegar muy lejos. También aprendí que muchas veces los obstáculos se los pone uno mismo. Escuché a mucha gente decir ‘no puedo, no voy a llegar’ cuando tiene que ser al revés, siempre pensar en positivo: ‘Yo voy a poder, voy a llegar’ porque el no condiciona. Como dice un texto que leí hace algunos años: “Hay que ir con confianza, confiar en uno mismo, de eso se trata, de confiar en el proceso que hacemos, en el camino que recorremos. Ser gentil con uno mismo, pacientes con nosotros, darnos oportunidades, permitirnos equivocarnos, cuidarnos a nosotros mismos, celebrar nuestros propios logros y darnos nosotros mismos una palmadita en la espalda cuando las cosas no salen bien.

¿Cuáles son algunos de los obstáculos que tuviste que atravesar?

Son muchos, los peores son los bajones anímicos. Cuando llegué a mi primer acampe, a los 43 km, me di cuenta que había perdido la gopro, y no iba a volver a intentar encontrarla.  Cuando llamo a mi casa me entero que mi vieja volviendo de despedirme se cae de la bici y se quiebra la muñeca, pero no había mucho que pudiera hacer.

A la mañana siguiente me desperté, re-armé todas las cosas y cuando iba a subir a la ruta rompí la rueda de atrás, quedó hecha una banana. Habré estado una hora y media sentado en la banquina intentando arreglarla. La rueda tal como quedó me sirvió para rodar 2500 km más.

Otro obstáculo más bien molesto es la lluvia. Muchos me habían hablado de la Carretera Austral, tan famosa por sus paisajes, lagos, ríos y sus lluvias. Un día antes de hacer el cruce, estando en Trevelin, conozco tres viajeros de Francia a quienes no les había llovido prácticamente nada en semanas. Hice el cruce al día siguiente y llegué a Futaleufu con un hermoso día soleado. A la mañana siguiente empezó a llover, no pasa nada, pensé no hay mal que dure cien años, pero si lluvias que duren ocho días. Los que tardamos en llegar a Coyhaique, dónde recién volvimos a ver el sol y pudimos secar todo lo que se nos había mojado, aún las cosas que estaban en los bolsos estancos, pero no anti-Carretera Austral.

¿Cómo te ves en diez años?

De la manera que se dan las cosas cuando vamos rodando, es muy difícil pensar en un futuro tan lejano. Pero no descarto de aquí a diez años estar rodando por otro continente y si el destino así lo quiere seguir junto a Frida.

También pienso en la posibilidad de haber llegado a algún lugar donde me enamore de la cultura, de su gente y porqué no de alguien, que me haga establecerme en ese lugar. Pero siempre con el equipo listo para hacer otro viaje de ida y sin retorno. De la manera en que se vive el día a día, yendo a la velocidad que vos quieras ir y disfrutando de cada mínimo detalle de lo que pasa a tu alrededor, ¡hace que no quiera cambiar el modo de viajar.

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