domingo 17 de diciembre de 2017 - Edición Nº454
Critica Sur » En foco » 5 sep 2016

Roger Byard: “El problema no es la muerte sino cómo se llega a ella”

Es uno de los investigadores más prestigiosos que profundizó en dos temas relacionados a niños: muerte súbita infantil y síndrome del bebé sacudido. En su paso por Tierra del Fuego, brindó una conferencia ante médicos, abogados e integrantes del poder judicial. También charló con Crítica Sur.


Roger Byard dice que los patólogos son “guardianes de los muertos”. El profesor de Patología de la Universidad de Adelaida (Australia), tiene un interés particular en el síndrome de muerte súbita infantil y asegura que la patología forense tiene un rol fundamental, no sólo en el esclarecimiento de casos judiciales, sino también y fundamentalmente en trabajar para la prevención.

Byard brindó el miércoles pasado una conferencia ante abogados, médicos y criminalistas, invitado por el poder judicial de Tierra del Fuego. Se trata de la primera vez que el investigador visita la Argentina, y fue justamente en Ushuaia, antes de su viaje a Montevideo (Uruguay), donde se presentarán esta semana importantes descubrimientos sobre la temática de la muerte súbita infantil.

Maravillado por los paisajes fueguinos, el patólogo forense especializado en niños decidió quedarse varios días en la capital de nuestra provincia, donde recibió a Critica Sur, rodeado del impactante paisaje del Cerro Castor. En una pequeña mesa ubicada en el exterior del restaurante “Morada del Águila”, la doctora Inés Aparici –forense del Poder Judicial en Río Grande- ofició de traductora, en una charla privilegiada con ambos especialistas.

“Me llevo una muy buena impresión de la charla en Tierra del Fuego, porque lo importante al cabo de un encuentro de estas características son las preguntas que se formulan, y me realizaron preguntas muy interesantes, incluidas algunas en las que nunca yo mismo había pensado”, aseguró Byard.

Especializado en patología pediátrica forense, el médico asegura que ha visto todo, sin embargo, eso no lo convirtió en una persona insensible: en su cabeza aún se cruzan las imágenes de todos los niños asesinados, en homicidios violentos.

Es que en sus años de trayectoria ha podido investigar y profundizar también en otra temática que involucra a los niños: el síndrome del bebé sacudido. Con estos dos temas como eje, Byard dialogó con este medio.

¿A partir de estas charlas que lleva alrededor del mundo, encuentra diferentes abordajes?

Sí. Inevitablemente cada lugar tiene su aproximación diferente referido a los mismos temas, y una de las cosas que encuentro muy interesante de estos encuentros, es que se proponen protocolos de trabajo unificados para que el abordaje de estos temas problemáticos comience a ser más unificado y con una mirada más similar en todos lados. No es que la gente esté haciendo las cosas mal, sino que hay lugares donde se ve que se hacen mejor y no es malo aprender de esas respuestas que dan en otros sitios. Una de las cosas que me llamó mucho la atención de la charla en Tierra del Fuego y lo he tomado, es el tema de la lactancia asociada al hábito alcohólico de la madre, porque todavía no se ha hecho ningún tipo de aproximación al tema como factor referido a la muerte súbita en lactantes, y fue una de las preguntas formuladas por una pediatra de Río Grande en la charla. En cierta medida es un poco egoísta cuando realizo estos encuentros por el mundo, porque me llevo muchas ideas nuevas.

¿Cómo es que comienza a investigar la muerte súbita en lactantes?

En realidad, inicié siendo residente en una especialidad clínica de adultos y en un momento dado comencé a aburrirme y a interesarme más por la pediatría, así fue como me dediqué a la patología pediátrica en primer lugar, y luego encontré un campo que estaba muy poco desarrollado, que era la patología pediátrica forense y me dediqué a eso. Lo que más me entusiasmaba es la idea de que trabajando, particularmente sobre lo que es muerte súbita, le garantizaba a una personita una vida de 70 años o más por delante. Mientras que en el caso de un adulto de 70 años que tiene una enfermedad, quizás es probable que solo viva dos semanas. La expectativa de vida que da la patología pediátrica es mucha por delante. Pero además, el hecho de haber tenido que hablar con padres que pierden a sus hijos, uno en ese momento se da cuenta de lo traumático y lo violenta que es esa situación.

¿Sigue siendo un misterio la muerte súbita infantil?

No es misterio, he encontrado una serie de factores que se vinculan, pero sobre todo hay que tener en cuenta que la muerte súbita no es una enfermedad, sino que es un conjunto de elementos que se integran los que la causan, no es una sola situación sino una suma de factores. En Montevideo, en los próximos días se va a presentar un trabajo que hizo una residente que trabaja conmigo, una médica que obtuvo una beca en Harvard, que trabajó sobre neurotransmisores en el tronco del encéfalo, que es el sitio donde se localizan los centros que regulan la frecuencia respiratoria y la frecuencia cardíaca. Creo que esos hallazgos que va a presentar, son los que van a marcar una etapa nueva en el estudio de la muerte súbita infantil.

Las definiciones han ido cambiando a lo largo del tiempo, ¿Cómo se determina hoy que un niño ha fallecido por muerte súbita?

Creo que la mejor definición es la que se construyó en San Diego (Estados Unidos) en el año 2004. Anteriormente la original era la de 1989 que solamente se detiene en la edad del lactante, que tiene que ser menor de un año, el estudio o la investigación del lugar del hecho y una historia en la cual no se revelara ningún factor de riesgo para la muerte de ese bebé. La definición del año 2004 lo que tiene en cuenta es que extiende a las condiciones en las que duerme el bebé, el hecho de dormir vinculado con la muerte súbita, que no había sido considerado previamente.

¿Es difícil la posición en la que se encuentra un médico forense cuando tiene que analizar un caso de este tipo, teniendo en cuenta que de su análisis depende determinar si fue algo accidental natural o intencional?

Es un trabajo muy importante, porque en el estudio de la muerte súbita de los niños, hace unos 20 años al 80 por ciento de los casos se los consideraban homicidios. En el momento que se descubrió que había que dar vuelta a los chicos y ponerlos a dormir boca arriba, resulta que el porcentaje de casos de muerte súbita se redujo dramáticamente, con lo cual, si se pensaba que eran todos homicidios, no era algo real. Muchos casos también son muertes accidentales, que seguramente son ese porcentaje que queda, y son casos de muerte súbita que quedan sin aclarar completamente. En definitiva, el que determina si es homicidio o no es el juez y no el patólogo. Es un problema, porque no hay marcadores en el cuerpo que nos permitan determinar en forma categórica que se trata de una muerte súbita. Y las sofocaciones, que a veces pueden ocurrir por los padres que duermen cerca de los bebés, muchas veces pueden no dejar marcas. Todos los padres de los bebés que tienen muerte súbita, se sienten responsables, creyendo que sofocaron a su bebé. Cuando la madre de un bebé que muere de muerte súbita dice ‘maté a mi bebe’ en realidad no se refiere a que fue un homicidio, sino a que en realidad es su responsabilidad la muerte. No existe dolor peor que el ver morir a su hijo delante de sus propios ojos. O lo peor es que se los acuse después, de haber cometido homicidio. Del lugar de donde vengo solíamos tener hasta más de 50 casos de muerte súbita por año en una población de 1,6 millones de habitantes, y ahora bajaron a cinco casos por año. Debe haber entre 5 y 6 mil personas vivas gracias a la campaña intensiva que se hizo para que los niños duerman boca arriba.

¿En qué momento cambio esa teoría?

En 1945 un pediatra de Estados Unidos fue el primero en sugerir que era mejor que los bebés durmieran boca arriba, y después en 1989 dos pediatras en forma simultánea publicaron la posibilidad de que boca arriba redujera la probabilidad de muerte súbita. A partir de eso se empezó a ver un descenso marcado en la cantidad de muertes, solo con ese cambio. Una de ellas es una pediatra que trabajó en este tema en Adelaida, y ella es mi inspiración en todo esto.

Se trata de un aporte de la medicina forense a la prevención

Sí, es correcto. Justamente una de las misiones de la medicina forense es trabajar para la prevención. Es importante la creación de comités de mortalidad, como ocurre en Adelaida, lo interesante es que puedan trabajar como en este caso trabajadores sociales, funcionarios de la justicia, y poder volver sobre los casos de distintas muertes ocurridas y analizarlas. Eso en nuestro caso tuvo mucha influencia sobre los resultados estadísticos, y se utilizó como asesoramiento del Ministerio de Salud. Justamente porque nosotros solemos ver a aquellos que no llegan al Hospital, nuestra población no es la misma que la población hospitalaria.

Síndrome del bebé sacudido: la búsqueda de pruebas

A través de experimentos realizados con corderos, Roger Byard pudo demostrar que el síndrome del bebé sacudido o “shaken infant syndrome” es una sacudida violenta, que puede ser mortal. Incluso esas investigaciones en la Universidad de Adelaida, lo llevaron a ser cuestionado por asociaciones proteccionistas de animales y objeto de numerosas amenazas.

Durante el trabajo, corderos anestesiados fueron sacudidos para ayudarlo a demostrar que bebés, pueden morir sin ningún tipo de impacto visible en la cabeza.

Para el patólogo forense australiano, este síndrome que afecta a los niños menores de tres años, ha sido durante mucho tiempo un rasgo de los casos de violencia doméstica, pero debe seguir siendo objeto de debate y análisis en los estrados judiciales.

¿Qué aportes pudo hacer sobre el síndrome del bebé sacudido?

Lo más importante es que creo que existe, hay mucha gente que no lo cree. El único problema es que es sobre diagnosticado, excesivamente diagnosticado en algunos casos donde no lo son.

¿Qué diferencia hay entre un caso que lo es realmente y otro que no lo es?

Muchas veces a un golpe en la cabeza a un bebé se le pone el nombre de “síndrome del bebé sacudido” y en realidad es un traumatismo de cráneo. Se juntan en la misma bolsa muchas cosas diferentes. El aporte que hicimos a través del trabajo de los corderos, donde se demostró que en un modelo animal se logró obtener muerte de corderos con solo sacudirlos, no fue necesario un impacto o golpe para que se produjera la muerte y que tiene que ver con la edad de los corderos, y las características de los corderos la posibilidad de que se produzca la muerte con solo sacudirlos. Antes se vinculaba el sacudón a un traumatismo y a eso se lo denominaba síndrome del bebé sacudido, cuando no necesariamente es así. Es importante destacar que la investigación se hizo con animales, un modelo de características similares, porque nadie ha visto sacudir a un bebé, pero se trata de un aporte.

"Lo que se tiene es antes un niño feliz vivo, y después un niño muerto, con signos de daño en el cerebro. Algo pasó en el medio y es obvio. No se sabe qué es, pero es algo que no ha sido bueno"

¿Es difícil de demostrar?

A veces sí y a veces no. Si alguien lo ve es muy fácil hacer el diagnóstico, si vemos contusiones de los dedos en la espalda y en el frente del niño, producto de la sujeción que genera esa sacudida o fracturas costales, se puede pensar razonablemente que fue una sacudida. Cuantos menos signos se tienen es mucho más difícil de demostrar. Por eso es que se debe ser muy cauteloso al realizar este diagnóstico. Lo que se tiene es antes un niño feliz vivo, y después se tiene un niño muerto, con signos de daño en el cerebro. Algo pasó en el medio y es obvio. No se sabe qué es, pero es algo que no ha sido bueno.

¿Y eso tiene que ver con maltrato infantil?

En última instancia sí. Pero hay casos en los que un padre sacude a un niño porque no para de llorar, pero no es con intención de asesinarlo, que es lo que muchas veces se superpone. Una chica de 14 años que sacudía a su bebé para que se tranquilice, una vez que lo sacudía siempre se quedaba tranquilo, hasta que un día en un sacudón lo mató. Era una madre joven, inexperta pero no quería decir que quisiera matarlo, era la forma que encontraba de tranquilizar al bebé. Otro caso de un hombre en Melbourne que sacudió al bebé, falleció, pero inmediatamente fue al Hospital y dijo ‘miren lo que hice, reanímenlo, lo hice sin querer’, eso es un accidente, no es una intención de matar. Mientras que hay otros que lo hacen y no lo dicen y tratan de taparlo, esas son las cosas que vale la pena que se discutan en las cortes. El síndrome del bebé sacudido no necesariamente implica una intencionalidad de maltrato infantil o causar daño. Es complicado.

¿En la justicia observa que está arraigada esta cuestión de la intencionalidad?

Sí y no. No siempre es así, creo que un juez experimentado es más factible que pueda entender esta diferencia y muchas veces una de las partes (la fiscalía o la defensa) no lo tienen tan en claro. Lo que hacemos en Australia es, el forense asesorar tanto a la defensa como a la acusación para que tengan argumentos reales para trabajar. En realidad, uno puede equivocarse como forense, de lo que tenemos que estar seguros es que no hay intencionalidad de ayudar a una sola de las partes. Es la vida de una persona.

“Guardianes de los muertos”

Decir que un cadáver puede contar secretos parece una afirmación casi esotérica, pero lo cierto es que los médicos forenses son los guardianes de estos mensajes que un cuerpo puede transmitir. El médico lo ha visto todo, pero asegura que eso no lo convirtió en un ser insensible: en su cabeza aún se cruzan las imágenes de todos los niños asesinados, en homicidios violentos.

Es desconocido para la mayoría de nosotros el trabajo que hacen los forenses y desde el prejuicio muchas veces se los observa fríos. ¿Es un poco insensible el forense?

Los forenses somos guardianes los muertos. Y lo que realmente nos importa es la familia que queda, la respuesta que necesita la familia. Creo que no somos insensibles, todo lo contrario. Me tocó hacer mi primera autopsia sobre un hombre que era mi paciente, me tocó decirle en persona que probablemente iba a fallecer a causa de lo que tenía, le pedí permiso para hacer la autopsia antes de que falleciera y me dijo ‘Sí hijo, si lo vas a hacer vos no hay ningún problema’. Muchas veces nos ven como monstruos que nos escondemos con cadáveres, pero no es así.

¿Recuerda algún caso en particular que lo haya conmovido?

Hay un caso de una niña de cuatro años canadiense, de ascendencia francesa, que todavía me acuerdo su nombre, fue un caso que me conmovió mucho. Sam era una nena muy especial, la mataron en un contexto de violación. En el juicio contaban que le gustaba ir a un shopping cerca de su casa, donde solía pararse a mirar los vestidos de novia en las vidrieras y soñaba como se iba a casar. Los hisopados que hicimos pudieron dar con el autor material del homicidio. Eso fue una satisfacción el hecho de que ayude aclarar un hecho así.

Convive a diario con esto que es la muerte de las personas ¿Qué mirada personal tiene acerca de la muerte?

No hay un problema con la muerte, sino en el cómo se llega a ella; o como ocurre. La muerte es para mí volver a la tierra, es parte de un ciclo. Cuando mi padre falleció, lo cremaron y arrojaron sus cenizas a un río, el mismo río donde habían arrojado las cenizas de mi abuelo muchos años antes. Yo veía como el río se llevaba las cenizas y hacía un remolino. Esa imagen la recordaba de mi infancia porque había acompañado a mi padre cuando tenía siete años a la ceremonia. Cuando murió mi padre hicimos lo mismo, saqué la foto de ese momento y la tengo guardada en mi oficina.

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