jueves 21 de septiembre de 2017 - Edición Nº367
Critica Sur » En foco » 29 mar 2017

Volver a la tierra: Cómo tener una huerta urbana en Tierra del Fuego

Tener una huerta en casa es posible, en un pequeño invernadero, incluso al aire libre, en cajones, tarros o macetas. De septiembre abril, cuando tenemos sol, y siguiendo algunos consejos específicos para la zona; te contamos lo que tenés que tener en cuenta para armar tu propia huerta.


Moda o tendencia, las huertas urbanas no dejan de crecer y, como sostienen desde el programa del INTA Pro Huerta hay más de 600 solo en Río Grande. Y es que más allá de hacernos comer más sano, la tierra puede ser un espacio de transformación social donde el sentido de comunidad alcance su máxima expresión. De hecho, el Pro Huerta que nació en los años 90 como un proyecto en momentos de crisis, luego se pensó como una manera de lograr la “soberanía alimentaria” o el derecho a generar el propio alimento, y hoy despierta un interés cada vez mayor entre los fueguinos.

Es que tener una huerta en casa es posible en Tierra del Fuego, en un pequeño invernadero, incluso al aire libre, en cajones, tarros o macetas. De septiembre abril, cuando tenemos sol, y siguiendo algunos consejos mínimos para la zona.

Se estima que hay más de 600 huerteros en la ciudad que se relacionan a lo largo del año con el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA). Allí se brindan charlas, talleres y capacitaciones, pero muchos se animan a hacer invernaderos por su propia cuenta y los resultados son muy buenos. Luego avanzan con los fertilizantes orgánicos, el compos y los productos para el control de plagas. “La verdad es que tenemos gente muy ingeniosa y hacen cosas muy buenas, el problema es que hay que tener ciertos detalles técnicos para que después sean funcionales”, dice a Critica Sur el ingeniero Paulo Gea, coordinador local del Programa Pro Huerta del INTA.

“Hay una onda que está buena, el programa con los años fue transformándose y cambiando porque la sociedad fue cambiando”, señala el ingeniero agrónomo. De hecho, hoy la bajada de línea del Instituto es “acercar las herramientas a la gente para que puedan ejercer el derecho de producir su alimento”.

Con capacitaciones, entrega de semillas, talleres, pollitos y frutales. “El dinero lo aporta el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, pero no es una ayuda de una caja de alimentos, son las herramientas para que vos puedas ejercer tu derecho de producir tu propio alimento”, remarca.

Además, la del Pro Huerta se trata de una propuesta de huerta orgánica. “Si voy a comer una lechuga con insecticida para eso me la compro en el súper. Ya comemos mucho insecticida en los supermercados, está todo dentro de lo que la Organización Mundial de la Salud (OMS) permite, pero no quiere decir que esté libre de insecticidas”, asegura.

Los invernaderos: Qué se debe tener en cuenta

Respetar ciertas alturas, tener en cuenta la inercia térmica, la dirección del viento y elegir los materiales más adecuados son las primeras recomendaciones que surgen de los talleres. “Si uno lo hace para su casa no pasa nada porque no vivís de eso y verdura vas a tener siempre”, detalla Gea.

La ventilación. Si falla la ventilación del invernadero la temperatura se dispara. “Tenés mucha humedad, no podés ventilar y ahí es cuando empiezan los hongos y los bichos. Es ahí cuando muchos vienen al Inta diciendo ´tengo pulgones´ o `tengo hongos´ preguntando qué productos usar, cuando el problema es el desmanejo del clima del invernadero”, asegura el ingeniero.

“Si yo armo una cápsula toda cerrada, la humedad llega al techo, se humedece y vuelve a caer, se genera un microambiente caliente y húmedo que deriva en un montón de problemas sanitarios en la planta”, afirma.

A modo de ejemplo, si el invernadero es de 6 por 10 metros, el 10% de ese espacio -seis metros- tienen que ser destinados para ventanas. “Muchas veces vienen y les preguntamos cuántas ventanas tenés. `Ninguna, la puerta´ responden. Y la realidad es que sin ventilación no es un invernadero, es un sauna lo que uno hace, y en esas condiciones no se produce porque ninguna planta vive salvo un cactus en el desierto con más de 50 grados, lo ideal es llegar a 25 – 30 grados y no superarlo”.

Inercia térmica. Es la característica del invernadero que implica que se caliente despacio y se enfríe lentamente también. “Que sea bien estable, para que de noche dure caliente y llegue al amanecer con algo de temperatura, y luego cuando salga el sol empiece de nuevo despacio a subir la temperatura. Sino la planta sufre un estrés, porque le baja la temperatura de golpe y le sube de golpe. Si tenés 50 grados de día y 0 de noche es imposible”, remarca Gea.

¿Cómo se logra eso? “Manejando un volumen de aire, sobre todo con la ventilación. Acá, aunque no parezca hay, días de mucho calor. Si hacen 20 grados en enero, no corre viento y no le abrís ninguna ventana, te aseguro que cocinas todo lo que hay adentro, tenés que tener volumen de aire”, sostiene.

Pros y contras de cada modelo. La radiación solar y el viento influyen y cada estructura tiene sus pro y sus contras, según cuentan los especialistas en los talleres que brindan sobre cómo armar un invernadero.

El invernadero típico es el de dos aguas y el que más abunda en los patios de las viviendas fueguinas. “Acá mucha gente hace casillas y hay una cultura de la madera y se hace bastante bien”, cuenta el especialista.

El invernadero parabólico es el más recomendado, aunque lograr la curvatura es más difícil. De hecho, el año pasado la Cámara Metalmecánica reunió a cinco empresas que, con el asesoramiento del Inta que aportó el diseño, armaron modelos parabólicos que hoy están a la venta.

“Están hechos así para que los rayos solares, no importa cuán alto esté el sol, siempre estén perpendiculares al invernadero, entonces levanta temperatura que es lo que se necesita, con poco sol. La gente que lo adquirió te dice que en septiembre ya está plantando”, sostiene Gea.

En estos casos son invernaderos de hierro galvanizado y chapa de policarbonato, son muy duraderos y tienen la puerta y las ventanas que corresponde.

Sin embargo su precio es elevado: Está arriba de los 200 mil pesos un tamaño de 8 x 12, unos 96 metros cuadrados; mientras que para una vivienda familiar, uno más pequeño de 3 x 6 metros puede costar unos 60 mil pesos.

“Yo creo que se puede hacer por bastante menos, haciéndolo uno mismo se las rebusca, tenés una puerta y la agregas. He visto muchos invernaderos que se da mucha mañana con la madera, que hacen sus propias casas, y luego hacen el invernadero”, dice el coordinador.

La desventaja es que muchos de los que lo arman por cuenta propia “tienen el concepto de una casa típica, entonces meten tirantes cruzados; es una casa que en vez de ponerle paredes le ponen un plástico, y no sirve porque terminan siendo muy oscuros”.

Y afirma que el invernadero tiene que ser transparente. “Si pudiéramos no darle estructura sería lo ideal, todos los palos y lo que le pongas molesta, yo necesito que el sol entre por todos lados, mientras más luminosos son mejor”, añade.

Materiales de cobertura. Desde que aparecieron las chapas de policarbonato, que son bastante económicas respecto a su utilidad, y que tienen quince años de garantía, el nylon fue quedando de lado.

“El nylon en Río Grande se rompe mucho, además el efecto que te causa el nylon roto te desanima. Se te rompe el plástico seguramente con los vientos de diciembre y enero cuando vos tenés que cultivar. En esa época la cantidad de estructuras abandonadas que hay es un montón, de gente que se cansa de cambiar plástico. No es fácil hacerlo porque las instrucciones te dicen que no tiene que haber viento, por lo menos 25 grados, y eso no ocurre nunca, no lo haces”, sostiene respecto a las desventajas.

Sin embargo, aclara que no es lo mismo en Tolhuin o Ushuaia donde hay mayor presencia de árboles y los invernaderos pueden estar refugiados del viento con estos “paravientos verdes”.

“En Río Grande desde que descubrimos esta chapa de policarbonato y la empezamos a probar, anda bárbaro. En esta ciudad conviene la chapa, la inversión inicial es más alta pero después sabes que por diez o quince años te olvidas, y te dedicas a hacer lo que te gusta hacer que es cultivar. A la gente no le gusta cambiar plástico, te cansa”, dice Gea.

La orientación del invernadero. Es quizás la recomendación más importante, ya que cuando se buscan tips en internet o en algún libro especializado, la información afirma que el sol sale del este al oeste y que el invernadero tiene que estar transversal a la salida de sol.

Según Gea “eso puede ser en Santa Fe, acá el sol sale del lado del norte y ese dibujo del sol haciendo el circulo no existe al estar tan lejos del trópico”.

En cambio, remarca que es fundamental tener en cuenta la dirección del viento. “Yo les digo que pongan el invernadero para que la cara menor, sea como una flecha para el lado del viento, esos son los invernaderos que más resisten”.

De esta manera señala que “hay que tener más en cuenta en esta zona al viento que al sol para determinar la orientación” ya que si la estructura aguanta el viento podemos seguir trabajado del lado que salga el sol.

¿Si no tengo experiencia, por donde arranco a sembrar?. “Hacer una huerta se aprende al hacer, no es que leo un manual, sigo el protocolo y me sale bárbaro. Si fuera así todo el mundo lo haría. Por eso nosotros repartimos semillas y mucha gente me dice me salió mal y se desanima. Les digo volvé y te damos más, las vas a quemar una, dos o tres veces y va a llegar un momento en el que decís le encontré la mano”, indica el titular del Pro Huerta en la ciudad.

Gea señala que en la huerta no hay que limitarse. “No necesito un terreno de 20 x 10, hacelo en la ventana de tu casa pero arrancá”. De hecho asegura que lo más difícil “es poner el auto en marcha, tomar la decisión, después a manejar aprendemos todos”.

Arrancar por lo más simple es la primer recomendación: perejil, lechuga, acelga; “las verduras de hoja no fallan”, apunta. Achicoria, rabanito, son cosas simples de hacer y salen rápido.

“Si querés arrancar por un tomate, algunas aromáticas, no son difíciles pero tienen manejo y poda y es más complicado. Arranca por las verduras de hoja y dale para adelante”, recomienda.

Además recomiendan que a la hora de sembrar busquen las semillas en el Inta, porque son seleccionadas para este lugar. “Nos pasa que vamos al super y hay bolsitas con semillas, muchos nos dicen que no les funcionan y eso tiene que ver con que son variedades que se han hecho a lo mejor para Buenos Aires o el centro del país; las semillas que entregamos se llaman Patagonia 2 y vienen para el sur de Santa Cruz y Tierra del Fuego”.

Se trata de un kit que viene con diez especies diferentes, las llamadas especies “anzuelo”: lechuga, rabanito, acelga, remolacha y zanahoria entre otras son especies que no van a fallar. “Esas son las que haces en una maceta, afuera en un cajón, y te va a ir bien. El que se entusiasma y le encuentra la vuelta lo hace. Luego piensa en hacer tomate y se empieza a animar un poco más con algunos cultivos que tienen un poco más de dificultad con el clima del invernadero”.

Huertas en todas partes

Desde el Inta aseguran que a la hora de pensar en tener una huera no hay que limitarse, y de hecho hay muchas huertas al aire libre, que siempre deben estar refugiadas del viento.

“Una pared que dé al sur que te para el viento, que dé al norte de donde viene el sol y hay gente que ha cosechado habas, lechugas, acelgas, repollo, coliflor, repollitos de brusela, todo al aire libre, sin un solo plástico pero si parando el viento”, explica el ingeniero.

Otra opción más protegida es el microtunel, un invernadero muy bajito. “Es fácil de hacer, en una hora lo tenés hecho y ayuda un montón. Son cultivos protegidos que no llegan a ser un invernadero”, agrega.

Incluso en el Inta llevaron adelante una huerta en caños de PCV. “Lo hicimos para presentarlo en la Rural, pero para un edificio con una ventana que da al norte y buena iluminación sirve muchísimo”, cuenta. “Pongo un caballete con los caños acomodados hacia la ventana y tengo una huerta en casa. No voy a tener de todo, pero ponemos albahaca, perejil, orégano y se pueden tener un montón de especies”, apunta.

¿Por qué no volver a la tierra? Los hijos de antiguos pobladores cuentan que sus padres tenían huertas hace muchos años en este mismo lugar. El camión venia una vez cada seis meses, y para poder comer lechuga y verduras frescas tenían que tener huerta.

“Una huerta no te salva, pero ayuda en la canasta seguro, y más ayuda en la salud porque estas comiendo algo que lo cortas y lo comes, y si además lo haces orgánico libre de pesticidas, el valor nutricional que tiene eso es 100 veces mayor a lo que compras en el supermercado que es una planta cortada hace cinco días que viene de otra provincia”, afirma Gea.

El coordinador del Pro Huerta en la ciudad transmite la pasión que siente por su trabajo. “Mi trabajo me encanta, me siento completo por la parte profesional porque es lo que uno estudió y hacer lo que te gusta tiene un precio que para mí vale mucho, y por el otro lado tenés la posibilidad de que alguien haga algo para sí mismo y para poder ayudar a otro; es una vocación de servicio público y me están pagando para ayudar, soy un beneficiado de este país seguramente y estoy súper agradecido”.

Libro recomendado: Mi casa, mi huerta

Disponible para descargar gratis de la página del Inta, esta publicación presenta diversas tecnologías productivas, implementadas por huerteros urbanos, escuelas y diferentes instituciones. Asimismo, ofrece técnicas innovadoras de cultivo de hortalizas y aromáticas, que permiten reciclar múltiples recipientes y aprovechar patios, balcones y terrazas.

“La publicación te muestra ejemplos de huertas que ha hecho la gente dándose maña con tarritos, caños, bloques, cajones, pallets, huertas verticales, canastos. Todo el mundo sueña con el invernadero, pero no hay que limitarse”, cierra Paulo Gea.

Contacto

Programa Pro Huerta - INTA en Río Grande: Elcano 658

Teléfono: 02964 42-2449

Facebook: INTA - ProHuerta Tierra del Fuego

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