viernes 17 de agosto de 2018 - Edición Nº697
Critica Sur » Sociedad » 24 jul 2018

SOCIEDAD

Estudiar coreano está de moda entre los fanáticos del K-pop en Río Grande

En la ciudad cada vez más jóvenes escuchan y bailan el fenómeno mundial del k-pop. Y hasta aprenden coreano para entender las letras. “Me llena de orgullo que en un lugar tan lejano a Corea haya tantos fans del K-pop, que miren novelas coreanas y que haya tanta repercusión, que quieran conocer el idioma y me busquen para aprenderlo”, dice Maximiliano Lee, quien da clases a más de 30 alumnos.


Bien lejos estamos de Corea, una península rodeada de mar en tres de sus límites territoriales, montañosa con escasas superficies llanas y cuyos habitantes (en Corea del Sur viven 50 millones de personas) tienen un año más que en Occidente, porque se considera que cada persona nace con un año y no con un cero. Lejos estamos de aquella tierra cuyo número de mala suerte no es el 13 sino el 4, porque al pronunciarlo suena parecido a la palabra muerte. Pero algo de aquel país se hace presente aquí en Río Grande, donde cada vez más personas –sobre todo adolescentes- quieren aprender a hablar coreano.

La casa de Maximiliano Lee, un descendiente de padres coreanos que nació en Buenos Aires y vive hace 8 años en Río Grande, se llena de ruido todas las tardes de lunes a viernes cuando entra uno de sus grupos de estudiantes, en total tiene unos 35 alumnos. Con toda la pinta de ser un asiático en el fin del mundo, Maxi nos recibe en el salón acondicionado para dar clases, pero el acento porteño rápidamente despeja todas las dudas, es argentino.

Además de hablar el idioma familiar, aprendió desde chico a leer y a escribir, y desde hace algo más de un año enfrenta el desafío de enseñar el idioma a cada vez más interesados en suelo fueguino.  

La mayoría de sus alumnos son adolescentes fanáticos del K-pop [Korean popular music, en inglés], un fenómeno que traspasó fronteras para irrumpir con un mix de sonidos que fusionan el hip hop, el rap, el rock, el dance electrónico y el rhythm and blues en un cóctel compuesto por perfectas coreografías, una puesta en escena de moda, estilo, mucho color y actitud que moviliza a cada vez más adolescentes.

Pero a la música, el baile y la cultura, muchos de ellos quieren sumar el conocimiento del idioma. Es que también entre los estudiantes de Maxi hay quienes son fanáticos de las telenovelas coreanas. Para ellos, Netflix y otras plataformas ofrecen en su menú un variado popurrí que incluye comedias, novelas, series, cine catástrofe, ciencia ficción y policiales. Y nunca será lo mismo escuchar y entender el idioma original, que escuchar o leer traducciones en castellano o inglés.

Muchos de los estudiantes de Maxi llegan por curiosidad a través de las invitaciones que él realizó a través de las redes sociales o los anuncios que dejó en las escuelas. “Me preguntan en cuánto tiempo se aprende, yo les digo que mínimo para que aprendan a hablar son dos años”, afirma.

¿Cómo comenzaron las clases de coreano en Río Grande? “Cuando llegué a la ciudad y empecé a trabajar en las fábricas, a modo de changuita me empezaron a preguntar y di unas clases, pero un tiempo corto; después dejé, pero siempre me quedó la idea de dar clases y me había gustado”, cuenta Maxi a Crítica Sur en la sala de estudios, rodeado de un grupo de sus alumnas, ya que la mayoría son mujeres.

Sin embargo luego empezó a dedicarle más horas a su trabajo fuerte -es empleado de LG para dos empresas electrónicas locales- y no pudo continuar. “A principios del año pasado una amiga que tiene su hija de 15 años más un sobrino que son fanáticos del K-Pop, me dijo que querían desesperadamente aprender coreano, y yo desesperadamente no tenía ganas de trabajar más de lo que ya trabajaba”, señaló.

Finalmente la insistencia pudo más. “Ella me siguió preguntando y dije bueno hagámoslo una vez más y en mayo del año pasado retomé. Desde ahí me empezaron a preguntar y se me prendió la lamparita, empecé a publicarlo en Facebook, en algunas escuelas y ahora tengo un poco más de 35 alumnos en cinco grupos y le dedico mucho tiempo”.

Maxi afirma que encontró una vocación por la enseñanza que no sabía que tenía. “Me encantó dar clases”, dice aunque admite que aun así que fue todo un desafío. “Yo aprendí a hablar coreano, a leer y a escribir, pero enseñarlo es otro tema; cuando comencé yo también leía el manual y te lo decía y capaz que no lo entendía bien, pero pasó un tiempo que comencé a entenderlo y ahora puedo enseñarlo de una manera más dinámica, la gente me entiende y yo ya sé lo que me van a preguntar”.

Además, dando clases de coreano fue como Maximiliano conoció a su mujer, con quien felizmente van a ser padres en poco tiempo. “Es una de las cosas que me dio el idioma y estoy feliz por eso”, afirma.

Para él dar clases no solo es un ingreso extra para la economía familiar. “Me llena de orgullo que en una ciudad tan lejana a Corea, acá en un lugar tan chico haya tantos fans de K-pop, que miren novelas coreanas y que haya tanta repercusión, que quieran aprender el idioma acá y me busquen”, sostiene.

¿A qué se debe el interés por aprender un idioma tan lejano? Maxi asegura que “principalmente se debe al K-pop, la música pop coreana es muy linda, los idols coreanos, las coreografías, los bailes, los raps y su belleza física”.

También se lo atribuye al “Pump It Up”, una máquina con una serie de videojuegos que se puso de moda a principios del 2000, en la que  se tenía que saltar según ritmos de música y así ganar puntos. “Esa máquina es coreana y todas las canciones de esa máquina eran corenas, así los chicos que bailaban escuchaban k-pop sin saber que era k-pop. Después empezaron a interiorizarse, a ir al barrio coreano a buscar alguna canción que escucharon ahí y les gustaba. Creo que eso puede haber sido un poco el inicio del fanatismo del cake pop en la Argentina, por esa máquina”.

Para Belén (24), una de sus alumnas, estudiar coreano en la ciudad es la continuidad de lo que ya venía haciendo en Buenos Aires, donde se metió en la movida desde sus inicios.  “Yo vengo de Buenos Aires donde empezamos con la movida del K-pop hace diez años atrás y al principio no los conocía nadie, decías k-pop y te decían ¿quién te conoce?. Logramos que el tema de Súper Junior, el primer tema que es Mr. Simple salga en Radio Disney en los 40 Principales, y después de eso la gente empezó a escuchar, le empezó a gustar. Hacíamos flashmob que son reuniones de baile en el Obelisco y en lugares específicos y la gente empezó a preguntar, se hizo como un boca en boca y les empezó a gustar”, cuenta.

La joven está hace solo seis meses en Río Grande, pero viene de Buenos Aires de los fans club más viejos y la idea de seguir estudiando coreano y conocer gente con sus mismos gustos no era una oportunidad para dejar pasar.

Belen sostiene que el inicio del fanatismo por el K-pop comenzó en 2012  gracias al “Baile del caballo” o Gangnan Style de la mano de PSY. Su megaviralizado video rompió todos los récords posibles para un artista coreano de este lado del continente.

Además dice que “la gente de acá comienza con el animé que es japonés,  después quieren saber más y saltan a la rama coreana por la música, porque hay muchos cantantes coreanos que cantan en Japón, que estudian japonés para cantar y los usan para los temas de animé”.

Constanza con 11 años es de las más jóvenes del grupo. “Hace mucho tiempo me gustaba la cultura asiática de China, Japón y Corea. Y después también me empezó a gustar mucho la música. Este año  cuando empecé a ver los papeles que hablaban del curso de coreano, cuando terminé de hacer los talleres del Polivalente le dije a mi mamá, yo quiero ir”, cuenta.

Fernanda (12) asegura que comenzó a estudiar coreano “más que nada porque cuando sea grande quiero viajar, entonces quería aprender varios idiomas, ahora estoy mejorando mi inglés y portugués”.

Para ella aprender coreano se compara con la experiencia de haber aprendido a hablar castellano en los primeros años de la primaria. “Aprender a escribir y a leer es parecido”, expresa la adolescente.

A Samira, que también está entre las adultas del grupo, el interés le llegó empezando a ver novelas coreanas, también llamadas dramas o doramas. “Un día mi suegra me contó que estaban dando cursos de coreano y me animé. Las veo en el celular donde tengo todo activado”, indicó. DramaFever, Netflix y otras plataformas ofrecen la posibilidad de ver una gran cantidad de novelas.

Merece la pena aclarar que la palabra ‘drama’, engaña. No todos son dramáticos, hay bastantes más de humor, de hecho. Pero hay que tener en mente que son lo equivalente a telenovelas, así que algo de romance casi nunca falta, y que también tienen sus clichés repetitivos a los que tienes que aprender a verles la gracia o te frustran.

Solo en Netflix ya hay al menos 20 propuestas. “Las novelas son muy románticas melosas, tienen romance, acción comedia, de todo”, asegura Samira y recomienda mirar Black, una novela fantasiosa y policial al mismo tiempo.

Para suerte de todos no todo es estudiar el idioma, repasar letras y verbos. Hace dos semanas Maxi organizó para todos los grupos un encuentro cultural donde pudieron cocinar juntos, degustar comidas típicas coreanas y hasta improvisar pasos de baile.

“La idea era que conozcan un poco de la cultura y lo principal que es la comida, todo el mundo quiere probar porque  en las novelas coreanas siempre hay gente que está comiendo y se te antoja. Yo también necesito comer kimchi, kimbap, ramen, entonces les hago una comida ya que me gusta cocinar y creo lo hago bien, juntamos unos pesos cada uno, compramos, cocinamos y comemos”, señala.

Para fines de octubre Maxi planea realizar un evento grande en un espacio más amplio para reunir a los interesados por la música, el idioma, el baile y la cultura coreana. “Vamos a hacer algo para que esta movida sea cada vez más grande”, asegura.

 

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