viernes 17 de agosto de 2018 - Edición Nº697
Critica Sur » Malvinas » 23 jul 2018

SOCIEDAD

Malvinas: concientizar a los chicos y que puedan "tocar" una parte de nuestra historia

Julio Aro, ex combatiente de Malvinas, volvió a las Islas. En Londres conoció Geoffrey Cardozo, ex Capitán británico, cuya ayuda fue clave para identificar a los argentinos enterrados bajo el lema "Soldado sólo conocido por Dios". Hoy Aro y Cardozo se consideran amigos y son candidatos a Nobel de la Paz.


El ex com­ba­tien­te de Mal­vi­nas, Ju­lio Aro, un lu­cha­dor por el re­co­no­ci­mien­to de nues­tros hé­roes que ya­cen en el ce­men­te­rio de Dar­win, des­pués de ha­ber vi­vi­do la tra­ge­dia de una gue­rra ab­sur­da y es­té­ril, bus­ca su re­si­lien­cia, a tra­vés de la iden­ti­fi­ca­ción de los com­pa­ñe­ros que que­da­ron en las is­las y el “No ol­vi­dar”.

Des­pués de Mal­vi­nas, Aro creó la Fun­da­ción “No Me Ol­vi­des”, en 2008. Más tar­de, jun­to al bri­tá­ni­co y ex ca­pi­tan de Mal­vi­nas, Geof­frey Car­do­zo, --y a tra­vés de la Cruz Ro­ja In­ter­na­cio­nal-- , lo­gra­ron el re­co­no­ci­mien­to de los sol­da­dos só­lo co­no­ci­dos por Dios, que se en­con­tra­ban en nues­tras is­las.

El 26 de mar­zo se con­cre­tó el via­je con 90 fa­mi­lia­res de los 121 sol­da­dos muer­tos en com­ba­te en 1982, pa­ra co­lo­car sus nom­bres en las tum­bas.

Aro vol­vió sie­te ve­ces a Mal­vi­nas. Y ca­da via­je fue di­fe­ren­te. Pe­ro siem­pre in­ten­tó ar­mar una pa­la­bra en su al­ma: paz. Aún así, el via­je más fuer­te fue el 26 de mar­zo. Ese día de­ja­ron de es­tar las cru­ces ig­no­tas pa­ra lle­var el nom­bre de los 90 sol­da­dos. “Ese ha si­do el ac­to de so­be­ra­nía más gran­de des­pués de 1982”, di­ce y ase­gu­ra que tie­ne que se­guir lu­chan­do por los que aún fal­tan.

En 2008, re­gre­só a las is­las, por pri­me­ra vez, pa­ra en­con­tra­re con “Ju­lio”, o sea con­si­go mis­mo. Allí lo con­mo­vie­ron las pla­cas “sol­da­do ar­gen­tino só­lo co­no­ci­do por Dios”. A su re­gre­so, su ma­dre le di­jo las pa­la­bras que lo ilu­mi­na­ron y mar­ca­ron su nue­va mi­sión: “Si no hu­bie­ses vuel­to, yo te hu­bie­se bus­ca­do por cie­lo y tie­rra”.

En­ton­ces, co­men­zó a pen­sar có­mo ayu­dar con la iden­ti­fi­ca­ción de to­dos los sol­da­dos caí­dos y cui­dar a sus fa­mi­lias. Via­jó a Lon­dres. Bus­có a las fa­mi­lias, a mé­di­cos fo­ren­ses, con­tac­tó a la Cruz Ro­ja In­ter­na­cio­nal e in­ten­tó lle­gar al Es­ta­do. Bus­ca­ba de­vol­ver la iden­ti­dad a sus com­pa­ñe­ros y ali­viar el do­lor de sus fa­mi­lia­res.

En el via­je co­no­ció al bri­tá­ni­co Geof­frey Car­do­zo. Su co­la­bo­ra­ción fue cla­ve. Car­do­zo era uno de los tra­duc­to­res y el úl­ti­mo día en In­gla­te­rra, se en­te­ró de que Geof­frey tam­bién ha­bía si­do el mi­li­tar,ex Ca­pi­tán del ejér­ci­to in­glés, que en 1982, ha­bía en­te­rra­do con dig­ni­dad a nues­tros sol­da­dos. El mun­do se le dio vuel­ta.

Gra­cias al apor­te de Geof­frey pu­die­ron ha­cer la iden­ti­fi­ca­ción. Des­pués de 36 años, los cuer­pos es­ta­ban en per­fec­to es­ta­do.

Ju­lio hoy con­si­de­ra a es­te hom­bre co­mo su ami­go. Una per­so­na ver­da­de­ra­men­te com­pro­me­ti­da, tan­to con los pa­dres co­mo con los sol­da­dos que mu­rie­ron. Una gran lec­ción pa­ra la hu­ma­ni­dad. En agos­to va a re­ci­bir un pre­mio del Se­na­do ar­gen­tino por sus ac­cio­nes en la cau­sa Mal­vi­nas.

Pa­ra­dó­ji­co. Pa­ra que la Ar­gen­ti­na pu­die­se vi­si­bi­li­zar el te­ma Mal­vi­nas y a los ex com­ba­tien­tes, fue­ron los in­gle­ses quie­nes pres­ta­ron co­la­bo­ra­ción: Car­do­zo, Tony Da­vis, y el fa­mo­so mú­si­co y ex lí­der de Pink Floyd, Ro­ger Wa­ters. Creían que a Aro “le pa­ga­ban los in­gle­ses” o qui­zás, la de­sidia del Es­ta­do, se jus­ti­fi­ca­ban con esas ex­cu­sas...

La reali­dad es que en 2008 in­ten­ta­ron lle­gar a ver a la pre­si­den­te Cris­ti­na Kirch­ner. No pu­die­ron. En­ton­ces la pe­rio­dis­ta Ga­brie­la Coc­cif­fi, jun­to a una ami­ga, lo­gra­ron con­tac­tar al mú­si­co Ro­ger Wa­ters, pa­ra pe­dir­le que in­ter­ce­die­ra y pu­die­ran ser es­cu­cha­dos por la pre­si­den­ta Kirch­ner.

Ju­lio re­fle­xio­na so­bre cuá­les son los ges­tos que la gen­te po­dría te­ner con los ex com­ba­tien­tes. Sien­te que es muy im­por­tan­te ge­ne­rar con­cien­cia: el sig­ni­fi­ca­do del 2 de abril. Que to­dos usen es­ca­ra­pe­las. Que la gen­te se­pa qué pa­só. Hay tan­tas es­cue­las que no tie­nen nom­bre. Po­drían lle­var lle­var el nom­bre del sol­da­do caí­do de su pue­blo, de su ba­rrio. La gen­te se mue­re si las ol­vi­da­mos. Es im­por­tan­te sa­ber que esos sol­da­dos die­ron la vi­da por la Pa­tria. Pa­ra los pa­dres de esos sol­da­dos, que una es­cue­la lle­ve el nom­bre de sus hi­jos, sig­ni­fi­ca que no es­tán muer­tos.

En cuan­to al sen­ti­do pro­fun­do de “mal­vi­ni­zar”, di­ce que se po­dría con­cre­tar de dis­tin­tos mo­dos. Por ejem­plo, ha­blar más se­gui­do de Mal­vi­nas. Es nues­tra his­to­ria re­cien­te. Po­ner la se­mi­lla Mal­vi­nas en el co­ra­zón de los chi­cos. Lle­var­los a las is­las. Que se­pan que en nues­tro país hu­bo una gue­rra y que mu­chos de los que par­ti­ci­pa­ron to­da­vía ca­mi­nan en­tre no­so­tros.

Si­guien­do ese ob­je­ti­vo, via­jó un gru­po de chi­cos de Mar del Pla­ta, otro de Bal­car­ce y se es­tá pre­pa­ran­do, otro de más de Mer­lo. An­tes de lle­gar a las is­las, los pre­pa­ran, pa­ra con­cien­ti­zar­los. Que los chi­cos pue­dan ha­blar con ex com­ba­tien­tes y con las fa­mi­lias. Así po­drán ver una par­te de la his­to­ria, to­car­la con sus pro­pias ma­nos. Re­co­rrer el ce­men­te­rio y los lu­ga­res de ba­ta­lla. Has­ta aho­ra, to­das esas ex­pe­rien­cias han si­do ma­ra­vi­llo­sas. Es­ti­mu­la a se­guir. Se bus­ca que pue­dan com­pren­der que no hay gue­rras bue­nas ni san­tas ni jus­tas. Que son he­chos la­men­ta­bles y en­lu­tan a los pue­blos. Pa­ra ellos, sus hi­jos y nie­tos, es­to tam­bién se­rá muy im­por­tan­te en su fu­tu­ro.

Ju­lio es­tá ha­cien­do una cam­pa­ña en las re­des so­cia­les pa­ra la bús­que­da de fa­mi­lias y con­ti­nuar con la iden­ti­fi­ca­ción de los sol­da­dos que, aún fal­tan. Las re­des sig­ni­fi­can un gran po­ten­cial “Si nues­tros ami­gos en las re­des com­par­ten con sus ami­gos y se ani­man a pe­dir­le a sus con­tac­tos que ha­gan un sim­ple vi­deí­to, no más de 30 se­gun­dos, se po­dría lle­gar a lu­ga­res im­pen­sa­dos. Tus ami­gos te ve­rán ha­blan­do y di­rán: ¿Qué le pa­sa? To­da­vía se de­ben iden­ti­fi­car a 28 com­pa­trio­tas.

Tan­to Ju­lio Aro, co­mo Geof­frey Car­do­zo, han si­do pos­tu­la­dos pa­ra el pre­mio No­bel de la Paz, por la Uni­ver­si­dad de Mar del Pla­ta.

Ju­lio di­ce que el pre­mio ma­yor ya lo tie­nen. Que es úni­co e irre­pe­ti­ble. Pa­sa por otro plano: es el amor y el agra­de­ci­mien­to de las fa­mi­lias de los com­pa­ñe­ros iden­ti­fi­ca­dos. Que dos paí­ses en­fren­ta­dos pue­dan unir­se pa­ra ha­blar de se­res hu­ma­nos, en lu­gar de so­be­ra­nía o de tie­rra, es al­go muy bueno. Es­ta pos­tu­la­ción va a vi­si­bi­li­zar, aún más, el tra­ba­jo que se ha­ce. Oja­lá se con­vier­ta en una bue­na se­ñal, en un mun­do que lo ne­ce­si­ta y an­da muy con­vul­sio­na­do. 

 

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